NAMASTÉ (VALORO Y AGRADEZCO TU PRESENCIA)

El 12 de Enero, se celebra el Día Internacional del Agradecimiento, como descubrimos hace unos días. ¡Qué importante es agradecer!

Cuando vemos que para este simple acto es necesario crear un día que lo recuerde, nos damos cuenta de que algo no está funcionando bien en nuestra sociedad, en nuestras familias, en nuestras organizaciones.

Dar las gracias implica muchas cosas:

  • No dar ningún gesto o comportamiento de la otra persona por sentado.
  • Reconocer el esfuerzo puesto por la otra persona para generar ese gesto o comportamiento.
  • Asumir con humildad que nada en la vida es un “derecho adquirido simplemente por existir”, y que sea exigible a los demás simplemente “porque sí” (o porque yo lo pienso o quiero así), salvo justamente el agradecer y recibir el agradecimiento.
  • Aceptar y recibir aquello que la otra persona, con su mejor voluntad, quiso entregarnos.
  • Pero, sobre todo, transmitirle a la otra persona que nos damos cuenta de que existe y que valoramos su aporte, sea cual sea éste.

Queremos elaborar un poco en dos de estas implicancias.

Si nosotros pensáramos que hay cosas en la vida que son este “derecho adquirido simplemente por existir”, exigible a los demás, esto significa que las demás personas tienen ese mismo derecho y que nos lo pueden exigir también. Entonces, nuestro supuesto derecho es también a la vez nuestro deber: sólo puedo exigir aquello que estoy dispuesto a dar.

Y si pensáramos que el derecho es nuestro, pero no de las demás personas, y que el ejercicio del derecho no involucra ningún deber en reciprocidad, entonces nos estaríamos planteando desde una posición de superioridad respecto de ellas. Sería una mirada que no reconoce la igualdad como seres humanos. Y bien sabemos adónde conduce eso en las relaciones y en las sociedades.

La palabra “humildad”, en este sentido (no el distorsionado en que se ocupa muchas veces en nuestra sociedad), tiene su origen en “humus”, que es la tierra. Es reconocer la conexión común que todos tenemos con la tierra.

Sin embargo, creemos que la segunda implicancia clave tiene que ver con que agradecer involucra comunicarle a la otra persona que reconocemos y valoramos su existencia. Y aquí conectamos con el título de esta reflexión.

En la cultura budista se usa mucho el saludo “NAMASTÉ” (o su equivalente en los respectivos idiomas) cuando dos personas se encuentran. Sólo que no es tan sólo un saludo más, como podría ser “Hola”, por ejemplo.

Al decirle NAMASTÉ a otra persona se le están transmitiendo dos conceptos muy relevantes: (1) reconozco que existes como alguien distinto a mí, y (2) valoro y agradezco tu presencia aquí y ahora. Tal cual, sin condiciones.

No dice “valoro tu existencia porque cumples con mis expectativas y las excedes”, por ejemplo. Se refiere, en cambio, a que se valora la presencia, porque ella en sí aporta algo a mi vida, aunque pueda ser sólo un aprendizaje muy puntual.

Cuando se contrata a una persona para trabajar en una organización, evidentemente se busca que logre determinados resultados y se comporte de acuerdo a ciertos estándares. Que la persona lo logre ya significa que cumplió su compromiso. Eso merece decir gracias. Merece comunicarle a la persona que nos damos cuenta de que existe, que se desempeña como se esperaba y que por ende valoramos su presencia. No es simplemente “con su deber no más cumple”.

Y si no logró cumplir con toda la exigencia, pero se esmeró, puso todo de su parte, incluso buscó creativamente diversas vías para ello, también corresponde dar las gracias. Demostró interés y dedicación, no se rindió, dio su mejor esfuerzo… ¿acaso eso no vale como compromiso? Nuevamente, no es simplemente “con su deber no más cumple”.

Si la respuesta de quien contrata es esta última, el mensaje que estamos transmitiendo es complejo: “sólo valoro tus resultados, y sólo en la medida que superen lo pactado”. Entonces, la contra-exigencia será similar: sólo valoraré lo que me des más allá de lo pactado, porque con lo demás, “con tu deber no más cumples”. Y si lo pactado sólo tiene que ver con condiciones económicas, entonces no será de sorprenderse si no existe compromiso con la organización y lo que pretende desarrollar.

Las personas en las organizaciones no sólo aportan resultados, pueden aportar compañía (pregúntenle por el valor de ella a las personas que deben trabajar en forma remota sin jamás vincularse de manera directa con nadie más de su organización), aportan diversidad de maneras de ver y hacer las cosas (y eso redunda en creatividad y en variedad – adiós a la monotonía), aportan afectos (¿necesitamos explicar el valor de recibir y poder darlos?), entre varias otras cosas.

Pero cada uno de nosotros lo hará en un ambiente donde sienta confianza (para recibirla y para darla), donde sienta que su existencia es percibida y valorada, donde en definitiva no da lo mismo si está o no. Más allá de sólo el desempeño (que por cierto es importante, no nos entiendan mal).

Para nosotros también es importante su existencia, queridos lectores. Y por ello, NAMASTÉ!!!